La primera vez que me dijeron "¡Pero qué directa eres, mija!", no supe si era un piropo o una reprimenda. Estaba sentada en la mesa con la familia de mi español, y yo solo estaba siendo yo, la Black Rubi de siempre, con mi flow, mi risa a todo pulmón y mi forma de decir las cosas sin rodeos. En ese momento, pensé: "¿Será que tengo que bajarle dos rayitas a mi volumen para encajar aquí?"

No es cuento de hadas, mi gente. La migración nos trae el sueño de una vida mejor, y para muchas, eso incluye encontrar el amor. El Instituto Nacional de Estadística (INE) no miente: el número de matrimonios mixtos ha ido en aumento constante en España, y las mujeres latinoamericanas somos protagonistas destacadas de esas uniones. Es un dato que nos hace pensar: ¿cuántas de nosotras estamos realmente construyendo una vida a dos, y cuántas estamos ajustando nuestra frecuencia para que la sintonía no se rompa?

La batalla por el reggaetón en casa (o por tu salsa, tu bachata)

Recuerdo a una amiga, la Pao, de Cali. Estaba saliendo con un "chaval" madrileño, majísimo, sí, pero él solo escuchaba rock español y flamenco. Al principio, Pao se esforzaba por "entenderle", por vibrar con sus grupos. Dejó de poner su salsa en el coche, se tragaba conciertos de lo que a él le gustaba. Un día, estábamos en mi casa, sonando un buen despecho de Marc Anthony, y ella se soltó a llorar. "Siento que me estoy borrando, Black," me dijo. "Mi música, mis chistes, mi forma de hablar... todo me parece que no encaja." ¡Ay, mi Pao! No estamos aquí para ser un eco, sino para ser la voz principal de nuestra propia canción.

No tengo un dato exacto de cuántas latinas "abandonan" su playlist por complacer, pero sí sé que, entre 2000 y 2020, la población de mujeres latinoamericanas en España casi se quintuplicó. Somos muchas, mi gente, y cada una de nosotras trae un mundo, un sabor, una historia. Perder ese mundo en una relación es un lujo que no nos podemos permitir.

El consejo aquí es frontal: tu música, tu comida, tus dichos, ¡son parte de ti! No los negocies. Si él te ama, amará tu sazón. Y si no, bueno, la vida es muy corta para escuchar solo música que no te mueve la cadera. Propón, no impongas, pero mantén. Un buen novio español puede aprender a bailar bachata y a disfrutar un buen sancocho. ¡Y si no, que te espere mientras tú te lo bailas sola!

Nuestras expectativas vs. la realidad española: cuando el cuento de telenovela no cuadra

Me dice una chica, la Mari de Ecuador, que su novio español no entendía por qué ella llamaba a su mamá todos los días. "¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?" le preguntaba él, extrañado. Para nosotras, la familia es el centro, el WhatsApp de las tías y las primas arde, hablamos mil veces al día. Para ellos, a veces, es más distante. Y no es que sea mejor o peor, es diferente. Esa expectativa del "príncipe azul" que lo entiende todo, que te rescata como en "María la del Barrio", no es real.

Un estudio sobre satisfacción marital en parejas mixtas (aunque no específico de latinas y españoles) sugiere que las diferencias en los estilos de comunicación y las expectativas familiares son fuentes comunes de conflicto en el 60% de los casos. ¡Imagínate! Lo que para ti es amor, para él puede ser "demasiada intensidad".

Amiga, la comunicación es la clave. Pero no solo hablar, sino explicar el "porqué". "Mira, mi amor, para nosotros, llamar a mi mamá es un acto de amor, no una emergencia." Él no es adivino, ni tiene por qué saber lo que se cuece en nuestra cultura. Enséñale con cariño, con paciencia, pero sin ceder tu valor. Y si él no está dispuesto a entender o al menos a respetar tu universo, ¿entonces qué estamos haciendo allí?

Cómo blindar tu corazón y tu identidad: La guía de Black Rubi

  • Mantén tus redes de apoyo: No te aísles. Tus amigas latinas, tu grupo de WhatsApp de las mamis, tus llamadas a casa. Esa es tu gasolina, tu espejo. Ellas te recuerdan quién eres, te hablan en tu idioma del alma. Como dice la gran Isabel Allende, "tenemos la obligación de luchar por nuestro derecho a ser nosotras mismas".
  • No traduzcas tus sentimientos: A veces intentamos dulcificar lo que decimos para que suene 'más español', menos 'intenso'. ¡No! Habla con tu propio fuego. Si te sale un "¡Ay, mi madre!", que te salga con todas las letras. Él debe amar tu autenticidad.
  • Espacios propios y autónomos: Tener tiempo para ti, para tus hobbies, para salir sola o con tus amigas. Que no todo gire alrededor de la pareja. Tu mundo no puede reducirse al de él. ¿Recuerdas a Karol G? Ella tiene claro que "Mi vida sigue siendo mía, no es de nadie".
  • Recuerda tu historia y tus logros: A veces, en una cultura nueva, una se siente pequeña. Recuerda de dónde vienes, todo lo que has superado. Eres una guerrera, ¡no se te olvide! Tu valor no depende de su validación.
  • Cuidado con el 'machismo light': A veces, el "es que las latinas sois muy apasionadas" puede ser una forma disfrazada de querer controlarte o reducirte. Ojo avizor. Tu pasión es tu poder, no tu debilidad para ser domesticada. ¡Que no te vengan con cuentos de príncipes azules que luego resultan ser sapos con complejo de superioridad!
  • Terapia, si lo necesitas: Migrar es duro, amar es duro, amar en migración y en una pareja mixta, a veces, es doblemente duro. No hay vergüenza en buscar ayuda para mantener tu salud mental, para procesar tus sentimientos y no perder el rumbo. Habla con un profesional que entienda tu contexto.

Amar a un español, mi querida hermana, es un camino lleno de descubrimientos, pero el descubrimiento más importante tiene que ser el de ti misma, una y otra vez. No te rebajes, no te apagues. Que tu llama latina brille con más fuerza que nunca. Y si en algún momento sientes que te estás perdiendo, busca a tu tribu. Estamos aquí para sostenerte, para recordarte tu grandeza. ¡Pa'lante, siempre!