¿Amor en tiempos de algoritmo? ¡Por ya nada nos parece suficiente!
Por Black Rubi
A veces miro mi teléfono y siento que hay un abismo entre mi hogar y ese mundo digital que no deja de brillar en la pantalla. Estar casada es tener un puerto seguro, pero cuando hablo con mis amigos solteros, parece que viviéramos en planetas distintos.
En nuestras reuniones, la historia siempre es la misma: “Conocí a alguien, pero…”.
Ese “pero” es el principio del fin. Saltan de una relación a otra más rápido de lo que se cambia una emisora de radio. ¿Por ocurre esto? Porque sienten que, con solo deslizar el dedo una vez más, aparecerá alguien mejor, con un perfil más atractivo o un emparejamiento más cercano a la perfección.
La trampa de la opción infinita
El problema de las aplicaciones de citas no es la falta de personas, es que sobran. Estamos en la era del descarte. Ya no gestionamos sentimientos; ahora gestionamos perfiles como si estuviéramos revisando un catálogo de moda.
A la primera diferencia de opinión o al mínimo defecto, el algoritmo parece susurrar que existen millones de opciones más. La gratificación inmediata nos ha restado paciencia; buscamos la perfección en una cuadrícula de imágenes, olvidando que las personas reales tienen matices y complejidades.
El mito de la actualización constante
Como mujer casada y emprendedora, percibo algo peligroso: estamos tratando a los seres humanos como si fueran un software. Queremos una actualización constante. Si nuestra pareja muestra una debilidad, parece más fácil buscar una versión supuestamente mejorada que nos espera en alguna plataforma digital.
"El amor real se construye en la imperfección, no en una tienda de aplicaciones."
Hoy en día, el compromiso se percibe a veces como una limitación, cuando en realidad es una ganancia de profundidad. Existe un temor constante a elegir a alguien y sentir que nos perdemos lo que podría haber sido con la siguiente persona en la lista.
Lo que no tiene repuesto
Lo que siempre comento con mi entorno es que la conexión real no se encuentra por arte de magia: se construye día a día.
Si tratamos a las personas como piezas reemplazables, terminamos convirtiéndonos nosotros mismos en una mercancía más. La pregunta no es si hay alguien mejor ahí fuera —porque siempre habrá alguien distinto—, sino quién estará a tu lado cuando pase la emoción del primer encuentro.
En un mundo que nos empuja a seguir navegando sin descanso, lo más valiente que se puede hacer es detenerse y elegir con sinceridad a quien se tiene enfrente.
Firmado: Black Rubi Locutora de Latinos FM, referente de la comunicación latina en Valencia y conductora del espacio "Con M de Mujer".


La conversación sigue abierta
Lectores y oyentes pueden dejar su punto de vista sobre este tema y sumar matices al debate.
En la calle estas cosas se sienten antes de que salgan en grande, y con amor y algoritmos pasa justo eso.
Lo que deja claro el tema de amor y algoritmos es que detrás siempre hay decisiones, nervios y bastante cansancio. Por eso muchos se identifican.
No es algo para mirar desde lejos; con amor y algoritmos se entiende mejor cuando uno piensa en su propia gente.
Hay días en que amor tiempos algoritmos pesa más de lo que parece, sobre todo para quien ya viene justo. No hace falta adornarlo más.
Cuando uno escucha hablar de amor y algoritmos , enseguida piensa en las vueltas que da la vida y en lo poco que se arregla todo con palabras.
Al final, amor tiempos algoritmos no va de teoría: va de cómo le pega a cada persona en lo cotidiano. Por eso muchos se identifican.
Cuando se habla del tema de amor y algoritmos , se nota rápido que no todo se vive igual. Hay gente que lo tiene más fácil y otra que va remando día a día.
A mí el tema de amor y algoritmos me suena a eso que mucha gente comenta en voz baja: que una cosa es leerlo y otra muy distinta vivirlo. No hace falta adornarlo más.