Ivonne Baki, candidata a dirigir la ONU, una experimentada diplomática ecuatoriana, ha delineado su visión para la recuperación de la confianza en Naciones Unidas, destacando la necesidad de resultados concretos y un enfoque renovado en la prevención de conflictos. Con una trayectoria que incluye ser artista residente en Harvard, creadora de la fundación “El Arte para la Política por la Paz”, negociadora de paz entre Ecuador y Perú, embajadora en diversas naciones y candidata a la presidencia de Ecuador en 2002, su propuesta se centra en la eficiencia y la diplomacia.
Su experiencia la llevó a ser embajadora en Washington en múltiples ocasiones, en Qatar (cubriendo siete países árabes) y, más recientemente, en París. Fue también ministra de Comercio, Industria, Pesca y Competitividad, y presidenta del Parlamento Andino.
El rol de Naciones Unidas y la pérdida de confianza
La exdiplomática enfatiza que la falta de confianza en Naciones Unidas se debe a la ausencia de resultados. La organización, creada tras la Segunda Guerra Mundial para prevenir una tercera conflagración global, ha desviado su enfoque de la prevención.
«La falta de confianza es por no resultados. Todo tiene que ver con resultados y mientras no se consigan resultados positivos de lo que se creó Naciones Unidas, fue creada después de la Segunda Guerra Mundial para prevenir una Tercera Guerra Mundial.»
Los tres pilares fundamentales de la Carta de Naciones Unidas (paz y seguridad, desarrollo económico sostenible y derechos humanos) están intrínsecamente vinculados. Sin seguridad y paz, no hay derechos humanos ni inversión que propicie el desarrollo. En los últimos 20 años, la ineficacia en estas áreas ha erosionado la credibilidad de la ONU.
La expansión de la organización, de 53 a 193 países, ha generado burocracia, duplicación de esfuerzos y falta de eficiencia. Aunque proyectos como “Naciones Unidas 80” y sus reformas son un buen inicio, se necesita una visión clara para los próximos 20 años, cuando la ONU cumpla un siglo de existencia. Se requiere una base sólida de transparencia, menos burocracia y mayor eficiencia, especialmente ante los más de 60 conflictos internacionales actuales.
Propuestas clave para una ONU efectiva
Marcela propone “renovar” Naciones Unidas, lo que implica atraer a personas con un propósito claro al Secretariado y al Consejo de Seguridad. El enfoque debe estar en la calidad y la eficiencia, con negociadores preparados y capaces de mediar. La o el Secretario General debe asumir un rol de mediadora, uniendo diferencias y actuando directamente donde los problemas surgen.
Subraya la importancia de que los líderes mundiales se sienten a la mesa para dialogar y alcanzar acuerdos, como ocurrió en las negociaciones de paz entre Ecuador y Perú, donde los presidentes Fujimori y Mahuad, inicialmente adversarios, lograron la amistad. La clave es generar confianza, sentándose a conversar “sin mapas, sin negativos”, para entender por qué se busca una solución y qué se puede “ceder y ceder para ganar todos”. Un escenario donde uno gana y el otro pierde solo conduce a la recurrencia del conflicto.
La Inteligencia Artificial y la migración como desafíos globales
En cuanto a la Inteligencia Artificial (IA), Marcela la considera una herramienta poderosa y positiva, siempre que se utilice para el bien y no para fines negativos. Advierte que esta “súper inteligencia” creada por el ser humano podría controlarnos si no se trabaja en equipo y de forma unificada.
La expansión de la IA amenaza con ampliar la brecha entre quienes tienen acceso a sus recursos y tecnologías y quienes no. Propone que los países líderes en IA, como Estados Unidos y China, colaboren para controlar su desarrollo y evitar que se convierta en una fuerza más peligrosa que una bomba nuclear. Además, sugiere que la riqueza mineral y energética necesaria para la IA, a menudo presente en África y América Latina, se utilice para el desarrollo de la tecnología en esas mismas regiones, generando empleo y estabilidad económica y social. Este enfoque es crucial para prevenir guerras y la migración, que surgen de la falta de oportunidades.
La migración, que afecta a millones de latinoamericanos, es un problema que la ONU debe abordar creando estabilidad económica y social en los países de origen. La prevención de conflictos no es solo la ausencia de violencia, sino también la provisión de oportunidades laborales, la erradicación de la pobreza y la inclusión social. Cada país debe tener las inversiones suficientes para generar empleo y así evitar la necesidad de migrar.
El liderazgo femenino y la visión latinoamericana en la ONU
Al abordar la posibilidad de ser la primera mujer en ocupar el cargo de Secretaria General de la ONU, Marcela destaca la importancia del rol femenino. Como madres, las mujeres comprenden la trascendencia de cuidar al ser humano. Son ellas y los niños quienes más sufren en los conflictos. Por ello, considera una obligación que las mujeres ocupen posiciones de liderazgo donde sus voces sean escuchadas y sus decisiones, consideradas prioritarias.
«La mujer puede mover la cuna de su niño con la mano izquierda y puede mover el mundo con la derecha.»
En las mesas de negociación, la presencia femenina es escasa, pero incluso una sola mujer puede generar un cambio, aportando una perspectiva diferente que aborda los problemas de forma inclusiva, buscando soluciones para todas las partes. Su propia experiencia como la única mujer en las negociaciones entre Ecuador y Perú avala esta convicción. El mundo necesita una mujer, una madre, en la ONU.
Como segunda latinoamericana en el cargo, después de Javier Pérez de Cuéllar, Marcela aspira a que la ONU recupere su propósito original. Su visión abarca no solo a América Latina y el Caribe, sino también a Oriente Medio, África, Asia y Europa, incluyendo a los países pequeños que sufren los embates del cambio climático. Se presenta como una líder neutral que buscará el bienestar global, convencida de que “si nuestro vecino cercano o lejano no está bien, no está nadie bien”, una lección clara tras la pandemia de COVID-19.
El legado que busca dejar en Naciones Unidas es el de una organización que regrese a sus orígenes, iluminando a la humanidad y creando un mundo más equitativo, pacífico y empático. Un lugar donde las discusiones no queden en papel, sino que se transformen en acciones concretas para un futuro mejor.